viernes, 21 de agosto de 2015

La ESCUADRA NEGRA de la Falange de Tudela (Fernando Mikelarena)

Sobre el General Sagardia                      Indice                      Tras la Columna Sagardia




En relación con Tudela, hemos localizado un artículo en la prensa de la época acerca de otro escuadrón falangista que, según propio testimonio del periodista y de los entrevistados, estaría detrás de los asesinatos de simpatizantes del bando republicano en las primeras semanas de la guerra en la Ribera Tudelana. El reportaje se encuentra en la página 8 del Diario de Navarra de 16 de octubre de 1936, está firmado por S. Berruezo y tiene como título Navarros en el frente. La Escuadra Negra de Tudela. En él, el corresponsal del periódico entrevista en Burgos “en el cuartel general de la columna que, formada por el comandante señor Sagardía, acaba de llegar procedente de Guipúzcoa” a “seis bravos chicarrones de Tudela” que formaban “la guardia personal del comandante”. Esos seis tudelanos eran “Bernardino Burgaleta, Teodoro Pérez, Agustín Ariza, Miguel Catalán, Jaime Sola y José María Lacabe”, todos ellos “naturales o vecinos de Tudela”. Según dice el reportero, que los interroga “en un momento de asueto”, todos le “cuentan, con encantadora sencillez, sus hazañas”. El reportero afirma de ellos lo siguiente: “Los tudelanos, desde las primeras horas del movimiento libertador de España, se pudieron al lado de quienes defendían a la Patria en peligro; y con una diligencia digna de ejemplo fueron -en su misma ciudad- limpiando de elementos peligrosos el camino del triunfo”. “Luego ampliaron su radio de acción a los otros pueblos de la Ribera y de Rioja y por último, enrolados en las formaciones que iban a luchar contra los marxistas y nacionalistas guipuzcoanos” se dice que “entraron los primeros en Tolosa (es decir, el 11 de agosto), tomaron al asalto al Buruntza (es decir, hacia el 28 de agosto), llegaron en cabeza a Guadalupe y a Irún (es decir, el 4 de septiembre)”, siendo sus hazañas la causa de que Sagardía les hubiera “designado para formar su guardia personal”. Tal y como figura en el título del artículo, se les denomina “la Escuadra Negra de Tudela”. 

A pesar de haber sido citada de pasada en la obra de Altaffaylla (Navarra 1936. De la esperanza al terror, Tafalla, 2003, 6ª ed., p. 596), esta banda paramilitar tudelana no era excesivamente conocida. 

Los acontecimientos a los que se refiere la noticia habrían sido en su mayor parte, de índole represiva, es decir, de detención y eliminación física de la población desafecta ya que la labor de control de la situación en la Ribera Tudelana finalizó muy pronto tal y como se desprende de la autodeclaración que realizó un destacado protagonista aquellos días, el teniente de la Guardia Civil, destinado en Corella, Carlos González Molina, en la que podemos comprobar los hitos más significativos de aquélla, así como la colaboración en la misma de voluntarios falangistas y requetés y guardias civiles. 

La autodeclaración de dicho teniente de la guardia civil narra que “el 18 de julio de 1936 inició el Alzamiento Nacional en Corella (Navarra) mandando la línea del mismo nombre, dedicándose con fuerza de la Guardia Civil a someter por las armas los pueblos de Ribaforada, Buñuel y rindiendo al Ayuntamiento de frente popular de Corella, que se había hecho fuerte, con armas en la Casa Consistorial, así como seguidamente la casa del pueblo de la misma Ciudad. Cooperó a la toma de Alfaro (Logroño) con la columna del entonces Coronel García Escámez. Liberado este pueblo se destacó a Castejón mandando fuerzas compuestas por Guardia Civiles y Requetés sometiendo por la fuerza a los revolucionarios marxistas que habían cortado el tráfico ferroviario entre Pamplona, Zaragoza y Logroño, restableciéndose inmediatamente las comunicaciones férreas. Durante varios días y al mando de una columna compuesta de Requetés, Guardia Civil y Falangistas me dediqué a recorrer varios pueblos de la Rioja y Aragón para levantar el espíritu Nacional, en algunos de los cuales estaba bastante decaído; el día 22 de julio de 1936, al mando de dicha columna procedí a la toma y liberación del Pueblo de Logroño Cervera del Río Alhama, en unión de otras fuerzas mandadas por un Capitán de la Guardia Civil, cuya población se hallaba completamente en poder de los marxistas desde hace varios días”. Dicho teniente se incorporaría el 9 de agosto en Lesaka a la 2ª bandera de la Falange, participando en combates y siendo herido pocas semanas después. 

Esos episodios más señeros en la tarea de control de la zona también fueron rememorados por un voluntario requeté tudelano, posteriormente concejal crítico en los años cincuenta, en cuya autodeclaración acerca de sus servicios prestados se afirma que éstos fueron “cuantos se le encomendaron desde el 18 de julio 36 tomando parte en la operación de Alfaro, Cervera del Rio Alhama, Corella y Ribaforada, siendo ascendido a cabo; salió el 8 de agosto para Pamplona voluntario y el 24 del mismo formó parte de la escolta del General Mola”. 

Hemos de recordar que los hechos mencionados de Ribaforada y de Corella corresponden al 19 de julio y que los de Buñuel pudieron ser los acontecidos ese día o, asimismo, el día 21 ó el 23. Ninguno de ellos tuvo la entidad de enfrentamiento, sino de simple ocupación de las localidades y de detenciones masivas de desafectos. El caso de Alfaro fue diferente: aquí se constituyó un foco de resistencia con huídos del resto de la Ribera y de la Rioja que pudo aguantar el 19 un primer ataque de voluntarios requetés y falangistas de Tudela y Estella que acompañaban a dos compañías del Batallón de Arapiles mandadas por el Comandante Pradal llegadas de la ciudad del Ega. El día 21 la llegada de la columna de García Escámez, en marcha hacia Madrid desde su salida de Pamplona el 19 de julio, previo paso por Logroño y otros pueblos, barrió a los resistentes. Cervera del Río Alhama, la otra localidad riojana donde fracasó el golpe de estado, sería tomada al día siguiente. Por lo tanto, a partir del 22 de julio el control de la Ribera Tudelana y de las zonas colindantes por parte de los sublevados era ya una realidad. 

Más allá de esa labor de control, tenemos que recordar que las primeras semanas de la guerra civil fueron especialmente cruentas en lo que se refiere a la eliminación física de los simpatizantes del régimen republicano en la Ribera Tudelana. Considerando las afirmaciones del corresponsal del Diario de Navarra en el reportaje mencionado sobre los miembros de la Escuadra Negra de Tudela en el sentido de su participación en la limpieza política que tuvo lugar aquellos días, queremos traer a colación el número de personas asesinadas en las correspondientes sacas o paseos con tres o más asesinatos que se registraron entre el 18 de julio y el 10 de agosto de 1936 en pueblos de la comarca, según informaciones que hemos tomado del libro de Altaffaylla: 5 vecinos de Buñuel el 25 de julio; 8 de Corella en Arguedas el 26 de julio; 11 de Ribaforada en El Bocal el 26 de julio; 6 de Cortes en Ribaforada el 27 de julio; 8 de Tudela en Castejón el 28 de julio (para mas inri, inscritas en el padrón de esa última localidad como “bajas en el padrón”); 5 de Arguedas en Murillo el Cuende el 1 de agosto; 6 de Cascante en Murillo de las Limas el 1 de agosto; 9 de Corella en el Carrascal el 2 de agosto; 8 de Ribaforada en Fontellas el 2 de agosto; 6 de Valtierra en Traibuenas el 2 de agosto; 7 de Buñuel en Mallén el 3 de agosto; 7 de Cabanillas en Beriáin el 3 de agosto; 4 de Cintruénigo en Valtierra el 3 de agosto; 4 de Corella en Alfaro el 3 de agosto; 11 vecinos de Fitero en Valverde el 3 de agosto; 4 de Fitero en Valtierra el 3 de agosto; y 6 de Corella en Ballariáin el 6 de agosto. En varias de esas sacas los asesinados fueron conducidos desde la cárcel de Tudela en la que estaban presos. 

Por supuesto, no queremos indicar que las personas mencionadas de la Escuadra Negra tudelana participasen en todas esas acciones, sino solamente mencionar las que se inscriben en el radio geográfico y en el ámbito cronológico en el que ellos motu proprio alardearon en líneas generales de haber colaborado. Como información complementaria tenemos que añadir que de varios de los integrantes de dicha escuadra tenemos constancia que marcharon al frente ya muy avanzado agosto. 

Otro elemento a tener en cuenta es el de que los nombrados constituyeron la guardia personal del general Sagardía.

Tal y como figura en el libro escrito por el mismo general (Del Alto Ebro a las fuentes del Llobregat. Treinta y dos meses de guerra de la 62 división, Madrid, Editora Nacional, 1940; prologado por Francisco de Cossio), hallándose en situación de retirado el 17 de julio de 1936, marchó de Pamplona a San Sebastián con una misión reservada que le ordenó el general Mola. Fracasado el golpe militar en Guipúzcoa, Sagardia huyó de San Sebastián en una huida plagada de aventuras, llegando a Pamplona el 26 de julio. De la capital navarra saldría de nuevo como segundo jefe de las columnas que operaban en Tolosa al mando del general Solchaga. Entró en Tolosa, Villabona, Andoain, Urnieta, Hernani y San Sebastián. En San Sebastián formó una columna formada por los voluntarios riojanos y navarros que ya habían combatido con él a los que se unieron los voluntarios guipuzcoanos que “se iban presentando voluntarios en las oficinas de Falange”. La columna, compuesta inicialmente de 750 hombres, es decir, un batallón, salió de la capital guipuzcoana el 30 de septiembre, llegando el 12 de octubre al frente de Villarcayo y Espinosa de los Monteros en Burgos. Estuvo diez meses en los páramos de La Lora, librando duros combates, tal y como conmemora en Bricia un espectacular monumento de mármol blanco y negro. Posteriormente la Primera Media Brigada de la 62 división (columna Sagardia), formada por las Banderas 5ª y 6ª de FET, Batallones 8º de San Marcial, 8º de Burgos, Batallón de Ceriñola, 5º de Bailén, dos compañías de América y las baterías 11 y 22 del 11º Regimiento Ligero, batalló en agosto de 1937 en el frente de Santander, en el frente de León-Asturias en septiembre-octubre de 1937 (a partir de aquí como 62 División de Castilla), en la batalla de Teruel (diciembre de 1937-enero de 1938), en la liberación de Huesca (marzo de 1938) y en la campaña de Alcanadre-Cinca y campaña del valle de Arán y Alto Llobregat en lo que quedaba de guerra. En sus memorias de campaña Sagardía, militar nacido en Zaragoza pero con ascendientes en Ituren donde solía residir estacionalmente y donde se refugió tras ser retirado por la Ley Azaña antes de marchar a Francia, menciona el comportamiento heroico de nueve falangistas fiteranos en Cilleruelo, así como de la muerte de un “mocetón navarro” de Cabanillas “que desde el principio de la campaña no se apartaba” de él el 4 de mayo cerca de Espinosa de los Monteros. No hay en toda la obra más menciones a personas de la Ribera ni a personas de ninguna otra procedencia de Navarra.

De cualquier forma, pertenecer al círculo de confianza de Sagardía tenía que suponer compartir su manera despiadada y salvaje de entender la guerra. Disponemos de informaciones que nos hablan que las unidades de Sagardía ejecutaron a decenas de personas a su paso por localidades cercanas a Santander antes de su entrada en la capital cántabra y que hicieron lo mismo en zonas de Cataluña.

También hay que referir que tras la guerra civil Sagardía fue nombrado responsable de la Policía Armada. Existe una foto muy elocuente del mencionado general en la que aparece en un palco, debajo mismo de un águila nazi, junto con Serrano Suñer y el mismísimo Heinrich Himmler en la visita que éste, uno de los protagonistas esenciales de la Alemania nazi e impulsor de la solución final que conllevó la matanza sistemática de judios, eslavos, gitanos, homosexuales y comunistas, hizo a San Sebastián el 19 de octubre de 1940.


De cualquier forma, tampoco hay que olvidar que la mujer de un primo de Sagardia con sus siete hijos, vecinos del barrio de Gaztelu en Donamaría, fueron asesinados arrojados a una sima por vecinos acusados de robar en huertas, mientras el padre y el hijo mayor estaban en el frente. El militar trató posteriormente esclarecer el suceso y soldados y bomberos realizaron labores de rastreo. Varios vecinos serían detenidos y conducidos a la cárcel de Pamplona, saliendo libres por no haberse podido aclarar el suceso.

Volviendo a la Escuadra Negra de Tudela, a todo lo anterior referido a ella hay que añadir una circunstancia que salpica el presente a través del espacio público. Además de los seis miembros citados de la Escuadra Negra de Tudela, también hay que referirse a un séptimo, fallecido en una acción militar antes de que se realizara la entrevista más arriba mencionada. En la página 3 del número 10 de la revista Falange de Tudela, de fecha de 8 de noviembre de 1936, se encuentra, asimismo, una crónica acerca de la misma Escuadra Negra que repite algunas de las informaciones, si bien las menos comprometedoras, vistas en el artículo anterior. Se dice que “La Escuadra Tudelana que tanta fama alcanzó por su actuación en los frentes guipuzcoanos” era la escolta particular del Comandante Sagardía y se nombra como miembro de la misma, además, a otra persona ya fallecida, Félix Marsal Moracho. Precisamente en la esquela y la necrológica publicada tras su muerte en el número 1 de la mencionada revista, de fecha de 6 de septiembre, se decía que había muerto en la toma del monte Buruntza y figuraba de forma explícita que era “De la escuadra negra de Tudela”. Asimismo, en otro artículo sobre él publicado en la página 3 de El Ribereño Navarro se decía que había salido de Tudela “formando en la ya célebre y heroica Escuadra tudelana”. 

El mencionado Félix Marsal Moracho cuenta con una calle en el barrio de Lourdes de Tudela, barrio que cuenta con 49 calles dedicadas a combatientes del bando franquista muertos en el frente. El nombre de la calle se acordó en un pleno del Ayuntamiento de Tudela del 17 de febrero de 1954 según una propuesta planteada por el Gobernador Civil falangista Luis Valero Bermejo, en la que también se aprobaron los nombres de otras siete calles. Félix Marsal no es la única persona con calle en el barrio de Lourdes a la que la prensa de la época incrimina de forma expresa y manifiesta en tareas de persecución y eliminación física de los adversarios políticos en la Ribera. En un artículo publicado en la página 10 de la revista El Requeté, también editada en Tudela, del 28 de febrero de 1937, y titulado Jesús Clemos Burgaleta, se afirma que el mencionado Clemos marchaba en los primeros días de la guerra “a aquellas incursiones por las Bardenas, cuando se hablaba de posibles enemigos por aquellos contornos”, incursiones descritas en un libro editado el año pasado con las memorias de un represaliado republicano de Catarroso del que nos hicimos eco en una entrada hace unos meses. Clemos Burgaleta murió en el frente el 22 de febrero de 1937. 

Estas últimas constataciones deberían servir para reflexionar sobre la conveniencia de aplicar al callejero franquista del barrio de Lourdes de Tudela la doctrina de la Resolución número 00676/08, 11 de febrero de 2008, del Tribunal Administrativo de Navarra relativa a veinte calles con nombres similares del barrio de la Chantrea, basada en la Ley de Símbolos de Navarra y en la Ley de Memoria Histórica y que fue finalmente acatada por el Ayuntamiento pamplonés. Aunque en otra entrada seguiremos tocando este tema, sirva lo expresado como elemento a tomar en cuenta por el ayuntamiento de Tudela que próximamente deliberará sobre la cuestión del mencionado callejero.


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